Ángel Augusto Suero, cuando la literatura sirve para remedio

POR BIENVENIDO MATOS PEREZ
 
 
ParaBarahona Hoy
Cuando le había ganado a la vida mis primeros 14 años, fuerte, lozano, activo, yo era un muchacho que caminaba sobre los palos, juguetón, alegre, la enfermedad me azoto con la primera dolencia de consideración, se dijo que el virus de la neumonía se había incrustado en mi cuerpo, fue una mañana en la que desperté con mareos, sin fuerzas, esgarrando sangre, aquel cuadro conmociono a mi familia pero sobre todo a mi padre que tenia 7 hijas hembras y veía en mi su único hijo varón, sus mejores esperanzas, fue para el año 1968 ejercía aquí la profesión de médico un hombre altruista de onda vocación humanística, servicial, buen amigo, hombre de profundas lealtades, el doctor Tomas Alcibíades Espinoza Acosta que fundó la clínica Santo Tomas en la calle Jaime Mota de esta ciudad de Barahona.

Enterado de la situación de un hijo de su amigo Aníbal Matos Suero, ordeno que se internara en la clínica, recuerdo perfectamente la primera impresión de mi padre – Alcibíades yo no tengo dinero para pagar la clínica.

-Aníbal que lo ingresen, el necesita tratamiento si tú no tienes lo pago yo, e inmediatamente se inicio el tratamiento para mi curación. Para la época la tuberculosis no tenia cura y los enfermos de este mal padecían todo género de vejámenes y exclusiones sometidos al aislamiento y apartado de sus familias lo que laceraba y los maltrataba hasta agravar su situación, en mi familia se vivió esa situación con una hermana de mi madre que como a todos los enfermos de tuberculosis se desterraban del lar familiar apartados, sin el cariño de sus seres queridos cosa esta tan importante para superar y enfrentar con éxito cualquier enfermedad y para muchos yo podía estar manifestando los primeros síntomas de la tuberculosis.

Desde el principio el doctor Espinosa me animaba y en el lenguaje de los médicos me transmitía el aliento y la motivación que vendrían a ser la base contra la enfermedad, se me aplicaron los mejores medicamentos, la infección comenzó a ceder, ceso el esgarre de sangre pero mi estado de ánimo no cedía, seguía mi cuadro de debilidad, me escaseaban fuerzas, al tercer día de mi internamiento carecía del ánimo suficiente para que se me diera de alta y pude notar un signo de enorme preocupación del médico en quien había encontrado estimulo y cariño para levantarme, - Ramona, tráeme el aparato de medir presión, el muchacho parece estar muy depresivo y ordeno un paquete de análisis, dio instrucciones a la enfermera que en ausencia del doctor Espinoza era como su sombra – Jefe me dijo usted se va pronto, todo está mejorando.

El cuarto día de mi internamiento el doctor Espinosa penetro al área de los internos tarareando una canción | Déjame que te cuente limeña ahora que aun perfuma el recuerdo, ahora que aun se mesen en un sueño el viejo puente del rio y la alameda | sobre su cuello el aparato de medir presión, un libro blanco sobre su brazo derecho, lucia jovial, alegre, chequeo mi record, me miro a los ojos y me dijo, las causas por la que fue ingresado han desaparecido, pero tienes poco apetito, no estás ingiriendo alimentos como debe ser, luces todavía desanimado, te daré un día más a ver cómo te encuentras mañana y me apretó las manos con cariño, al hacerlo el libro que llevaba bajo su brazo se deslizo y quedo frente a mi encima de la cama (El gato boca arriba) de la autoría de Ángel Augusto Suero de reciente publicación.

Cuando el doctor espinosa dejo atrás la habitación #2 yo tome el libro en mi manos y comencé su lectura, la que inmediatamente me insuflo energías vivificantes, el libro lo leí del principio al fin y lo viví en toda su intensidad al grado que mientras más lo leía, mas me internaba en las profundidades de su geografía y hubo momentos en los que la enfermera tenía que llamarme fuerte porque mi cuerpo estaba sobre la cama pero yo deambulaba en las profundidades de la obra.

Chin – chin y martillo fue uno de los cuentos que mas alegro mi espíritu, así como los santos mojados y el santo barbudo, este libro puede llamarse los cuentos del tremedal que era el nombre del pueblito de la ciénaga donde don Ángel Augusto Suero paso la mayor parte de su niñez y su juventud  y del que él hace  un retrato autentico de sus casas, sus calles, sus hombres y sus mujeres, de todo el entorno circundante tenia este formidable escritor una descripción y sus cuentos eran didácticos con los que uno se ponía en contacto con la historia de toda la región.

En cuentos para malos yo lo goce tanto que la enfermedad se fue con las carcajadas y trataba este cuento de tres pésimos individuos codiciosos de tener dinero sin trabajar que tuvieron simultáneamente el mismo sueño sobre un supuesto entierro que les había sido revelado, aquí se alude a las personas que juegan hasta el mismo centavo que hayan porque bien esperanzados de salir de sus miserias olvidando que la banca pierde y se ríe.

En cabeza de cada cuento el autor escribe frases de grandes personalidades que enternecen el espíritu del lector como preparándolos para que se incruste en el libro y haga empatías con el “El hombre verdadero no tiene que quejarse de ninguna situación, sabe que tiene que resolver su situación”.
“El verdadero heroísmo moderno consiste en ganarse la vida sin el auxilio de la deshonra”.
Y leyendo estos pensamientos y saboreando tantos cuentos se me fue llenando de vitalidad el organismo y volví a pensarme encima de los palos y las ramas y comencé a tramar bellaquerías, estaba completamente sano, fue en ese momento de renacimiento que el doctor Espinosa me sorprendió con una carcajada de Oreja a oreja, leía el cuenta “El hombre inadecuado”, desde la puerta de la habitación el me observaba y yo lo veía en mi subconsciente, pero me despertó a la realidad cuando expreso con alegría, Ramona, Ramona, corre el muchacho está sano, ¡Es verdad que los libros de Negro suero sirven para remedio!

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