Una misa por El Chapo


Guadalupe Acosta Naranjo cuenta que la fuga del narcotraficante fue celebrada el fin de semana por muchos de sus paisanos.

 
Francisco Garfias 15/07/2015 01:06
Una misa por El Chapo
El Chapo Guzmán no es mal visto por los curas progresistas. Esos que se identifican con los pobres entre los pobres y que desde el púlpito denuncian sin éxito las desigualdades y la corrupción que corroe el sistema mexicano.

 
El singular obispo de Saltillo, Raúl Vera, se fue al extremo de la apología. Propuso, nada más y nada menos, que se le haga un monumento al jefe del cártel de Sinaloa, el rey de la evasión, el hombre más buscado en el país.
Expuso sus razones:
“De un plumazo y de manera transparente demostró el tamaño de la corrupción del Estado mexicano. Todos los defensores de derechos humanos hacemos lo posible por mostrar la corrupción de los organismos, de la institución política mexicana, y El Chapo magistralmente lo logra”.
De manera más ligera, el padre Chuy Mendoza, párroco de Acapulco, hizo escarnio de la fuga de El Chapo. “Si su abogado no puede sacarlo de la cárcel, contrate a un ingeniero”, escribió, mordaz, en su cuenta de Facebook.
Un par de ejemplos que reflejan el buen humor que el gran escape provocó en la llamada Iglesia progresista, cansada de hacer denuncias que no rebasan los muros de los templos.
Mucho más moderada, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), afín al sistema, calificó la fuga de “vergonzosa” y pidió realizar una revisión a todo el sistema de seguridad nacional.
Eugenio Lira Rugarcía, secretario general de la CEM, dejó claro que la Iglesia no quedará conforme con una simple cacería de brujas que termine con el encarcelamiento de mandos medios.
“Se requiere una transparente, valiente y decidida revisión de fondo de todo el sistema de seguridad nacional que reconozca las fallas más allá de pretensiones políticas”, declaró el sacerdote (Reforma, 14/07/15).
El júbilo de algunos curas progresistas es compartido por los paisanos de El Chapo.
Guadalupe Acosta Naranjo, sinaloense de nacimiento, una de las cartas fuertes para coordinar la bancada del PRD en San Lázaro, cuenta que la fuga del narcotraficante fue celebrada el fin de semana por muchos de sus paisanos.
“Hasta una misa oficiaron, así de mal andamos”, subrayó.
  • La leyenda buena de Joaquín Archivaldo Guzmán Loera dice que la gente lo quiere porque ayuda a los pobres.
No sólo eso. Sinaloenses con los que he platicado aseguran que antes de que lo atraparan en Mazatlán, el famoso capo se encargaba de mantener a raya a los delincuentes comunes.
Hay quien, incluso, lo considera como el “héroe del pueblo”.
El periodista Malcolm Beith en su libro El último narco: cazando a El Chapo, el señor de las drogas más buscado del mundo (Ediciones de Bolsillo, 2011) describe las dos caras de Guzmán Loera.
La buena:
El Chapo es encantador. Un hombre con reputación de seductor, ya sea de un compañero traficante de drogas con fines de negocios; o de una mujer con fines sexuales.
“Su carácter afable le permite convencer de manera natural a aquellos con los que interactúa, especialmente los que lo protegen, dijo la PGR”.  
La mala, más cercana a la realidad, la resume así:
Chapo, sobrenombre diminutivo de chaparro, hace gala de un comportamiento terrible: como el mando detrás de la lucha con las fuerzas del gobierno por el control de los corredores de transporte hacia Estados Unidos, ha sido responsable de miles de muertes…
“En 1993 fue arrestado en México bajo cargos de homicidio y tráfico de drogas. Escapó de prisión en 2001, según se dijo, a través de la lavandería. Recuperó el control de la organización”.
En la contraportada: “Los cuerpos de un par de agentes de inteligencia militar encubiertos, disfrazados de campesinos, están tirados a un lado del camino. A un costado hay un mensaje en un pedazo de papel: nunca atraparán al Chapo
“Tal es la suerte de muchos que se han atrevido a tratar de atrapar al Chapo, o de oponerse a él”, sintetiza.
¿Los curitas progresistas habrán pensado en las incontables víctimas en su apología al jefe del cártel de Sinaloa?
  • Javier Corral sí juntó las 47 mil 700 firmas requeridas para ser candidato a la jefatura nacional del PAN. Había dudas de que las reuniera. Lo hizo. Entra en la contienda interna en gran desventaja con su adversario, Ricardo Anaya.
Los momios no le favorecen. Está como 20 a uno.
Ayer se registró en el CEN del PAN. Lo acompañaron los exgobernadores Fernando Canales Clariond (Nuevo León), Alberto Cárdenas (Jalisco) y Patricio Patrón Laviada (Yucatán). Pero también el senador Juan Carlos Romero Hicks; la exsecretaria de Sedesol, Ana Teresa Aranda, y el exdirector de la Conagua, José Luis Luege.
Este último será su compañero de fórmula a la secretaría general del PAN.
Corral se apegó al discurso que ha tenido desde que anunció sus intenciones de ir por el cargo: la rebelión de las bases contra Gustavo Madero y su adversario interno Ricardo Anaya quien, por el contrario, le apuesta a la reconciliación de los azules.

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